Se deja de querer:

Se deja de querer, y no se sabe por qué se deja de querer.

Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.

Se deja de querer, y es como un río
cuya corriente fresca ya no calma la sed;
como andar en otoño sobre las hojas secas
y pisar la hoja verde que no debió caer.

Se deja de querer, y es como el ciego
que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren;
o como quien despierta recordando un camino,
pero ya sólo sabe que regresó por él.

Se deja de querer como quien deja
de andar por una calle, sin razón, sin saber;
y es hallar un diamante brillando en el rocío,
y que, al recogerlo, se evapore también.

Se deja de querer, y es como un viaje
destinado a la sombra, sin seguir ni volver;
y es cortar una rosa para adornar la mesa,
y que el viento deshoje la flor en el mantel.

Se deja de querer, y es como un niño
que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.

Se deja de querer, y es como un libro
que, aún abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;
y es como la sortija que se quitó del dedo,
y sólo así supimos que se marcó en la piel

Se deja de querer y no se sabe
por qué se deja de querer...

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Para ti que amas...

Cuando en tu corazón se abra,
llena de vida, la flor perfumada del amor,
recuerda que alguien la plantó un día dentro de ti.

Cuando tu corazón se ilumine con el suave colorido
de la puesta del sol, recuerda que alguien amaneció contigo.

Cuando el fuego de la pasión queme tu corazón,
consumiendo todas tus fibras en la inmolación del placer,
recuerda que alguien encendió esa llama.

Cuando tu corazón esté bordado de sueños dorados,
tejidos con hilos de luz de luna, recuerda que alguien coloreó tu mundo interior.

Cuando la noche te encuentre con el corazón partido y angustiado por las amarguras recogidas en el día, recuerda que hay alguien esperándote con el pañuelo en la mano.

Cuando el insomnio te haga dar vueltas desesperadamente en la cama, recuerda que alguien puede sembrar sueños de paz en tu mente.

Cuando la soledad te oprima y tu grito no encuentre eco, recuerda que allá, del otro lado, alguien ama tu compañía y entiende tu clamor.

Cuando tus secretos no quepan más dentro de ti, amenazando romper los diques de tu alma, recuerda que existe alguien dispuesto a recogerlos y guardarlos con el cariño y la dignidad que tú esperas.

Cuando en tu corazón habite el azul del cielo, la calidez del sol, el gorjeo de los pájaros, el perfume de las flores, la nostalgia del atardecer, el encanto de las mañanas, la serenidad de los lagos y la sonrisa de la ventura, recuerda que alguien ha tocado tu corazón con la varita milagrosa del amor.

¡TU, que amas y vives en el contradictorio mundo del arco iris y de la oscuridad, de la calma y de la agitación, de la paz y de la inestabilidad, sabe que existe alguien más que habita en tu planeta!

En las horas felices, comparte con ella tus sonrisas, en las horas de soledad, ve, levántate y búscala dondequiera que esté.

¡NO mires el reloj! ¿Qué importan las horas? La vida es tan corta, no hay tiempo que perder!

Tú que amas, si tienes el coraje y la sencillez de hacerlo así, abre tus labios y canta el milagro del amor, porque sólo el "amor" aproxima a las personas y hacen que hablen el mismo lenguaje...

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Receta del amor

Me dispongo a elaborar la receta del amor, tres ingredientes básicos que son: Querer, ayudar y respetar.

Todos ellos con un toque de locura y añadimos por encima el verbo llorar.

Lo pongo en la sartén, para quitar el orgullo, que es lo que engorda, lo mezclo con sinceridad y me sale una mezcla fabulosa.

Aún no he terminado... ¿tendrán romanticismo? Bajaré a comprarlo.

Me contaron que de eso ya no había, que se acabo con esta sociedad fría, pedí un poco de sentimiento, pero de eso poca gente tenía.

Mire en el armario, me quedaba un poco de sonrisa, la fui echando mientras pelaba trozos de alegría.

Una vez todo mezclado lo introduje en el horno, lo saque con cuidado y tu nombre salió grabado...
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